La Insostenible Big Band y su Swing party! en el Echegaray

Teatro Echegaray. La Insostenible Big Band. Swing party! La Insostenible Big Band colorea el Echegaray con tintes y matices entre timbres blancos y negros

Texto: Miguel Ángel Barba | Fotos: Daniel Pérez /TC y web de la orquesta

La Insostenible Big Band es una formación que se basa en un sutil encuentro entre músicos jóvenes y veteranos, provenientes en su mayoría de los conservatorios de Málaga.

Creada por la Escuela de Jazz Big Band de Málaga Fundación Musical de Málaga>, está dando formación en materia de swing y jazz a más de un centenar de niños y jóvenes y claro, este banco de nuevos talentos musicales tiene que notarse.

No hace muchos años tuve la ocasión de asistir a un concierto de una Big Band del cual salí un poco decepcionado y con la certeza de que por aquí, por el sur, esto de las Big Band como que no cuajaba. Tengo que hacer observar la diferencia de calidad que he notado entre aquella y La Insostenible, que viene demostrando que el nombre no se adecua a la realidad, dado que es un proyecto con muchísimo futuro y que de seguir en la línea marcada actualmente promete muchos buenos músicos para Málaga.

La Insostenible Big Band colorea el Teatro Echegaray

Un repertorio cargado de clásicos, grandes canciones, temas ampliamente conocidos, grandes compositores… que recorrió prodigamente los estilos Chicago y Nueva York, en los que parece notarse más cómoda esta Big Band, con alguna pequeña incursión aunque de manera tangencial en los Nueva Orleans o Dixieland. Un catálogo de temas que amalgama perfectamente los matices, las sonoridades, los timbres, de las orquestas blancas o negras, aunque con una gran preponderancia de las primeras que representan una buena parte del repertorio, mucho swing y feeling. Como muchas orquestas de las conocidas bajo el epítome de “blancas”, tiende a tocar en el modo straight, convirtiéndola en un claro ejemplo de sweet band.

La Insostenible Big Band colorea el Teatro Echegaray Sin animo de ser exhaustivo, revelo algunas de las partes más brillantes, para quien suscribe, de lo que fue una noche entrañable: Feeling Good, Too Darn Hot, la mil veces versionada The Lady Is a Tramp a lo Tony Bennett, la ya clásica Moonlight Serenade de Glenn Miller, la cual acompañaron de una grabación interesante en cuanto que situó y contextualizó la gran melodía de Miller, pero que para mi gusto adoleció de una buena sonorización y el exceso de volumen de ésta no permitió disfrutar de la música que quedó en exceso solapada.

Sing, Sing, Sing (With a Swing) de Louis Prima (entrañable voz del Rey Louie en El libro de la selva), Do nothing till you hear from Me de Duke Ellington, One for My Baby (and One More for the Road) en la que solo faltaba un Fred Astaire cualquiera deambulando por el proscenio, New york, new york la composición de John Kander y Fred Ebb que pasara desapercibida en la película homónima pero que pocos años después convirtiera casi en mítica el crooner por excelencia Frank Sinatra. A Tisket, A Tasket, otro de los grandes estandars de jazz interpretados, escrito por Al Feldman y Ella Fitzgerald basándose en una rima famosa de un juego infantil y una canción de cuna. La popularizada por Gene Kelly, Almost Like Being in Love…

Como puede comprobarse, aun dejándome títulos en el tintero y en la libreta de notas, mucho bueno y bonito que, entre las manos de Antonio Lara a la batuta (y sus pinitos a la voz), con el apoyo importante de Nacho Doña en la dirección de la parte rítmica y perfectamente amasado y servido por el talento de todos los que forman la orquesta así como los invitados que pasaron por el escenario, conformaron una muy buena noche de swing, una sweet band, una swing party de la que yo reseñaría la brillantez sonora de los vientos, que se mantienen perfectamente compensados, sin aspavientos de protagonismos (que he sufrido en alguna ocasión en algún concierto en que a uno le entran ganas de levantarse y decir ¡Pero ese saxofonista -o trompetista- ¿no se va a callar nunca?!), con la templanza y la sutileza necesaria para que todo el conjunto brille y sobresalga sobre las individualidades, las justas y necesarias en una orquesta que además acompaña a voces tan temperadas, aterciopeladas y coloreadas como la de Raquel Pelayo, quien sin desmerecer al resto de voces de la noche , personalmente me encantó también por su “compás” que dirían los flamencos.

La sección de piano, guitarra, batería y contrabajo, manejó con enorme criterio una gran eficacia rítmica que dotó a la orquesta de enorme solidez, la que necesita para poder desarrollarse adecuadamente a lo largo de los temas, pero que al mismo tiempo se mostró lo suficientemente abierta como para permitir los lucimientos pertinentes a los “pitos” (en la jerga) y que llegada la ocasión también se permitió los propios, mucho más distingiblres en el caso de la guitarra por la característica personalidad musical de Agustín Sánchez y sus solos, que fueron ganando conforme calentaba la noche y por el hecho de que no hubo muchos temas con posibilidad de lucimiento individual de Nacho Doña. Un pianista que tampoco necesita demostrar mucho más.

La participación final de un músico -cuyo nombre no alcancé a oir debido al aplauso del respetable-, con un potentísimo solo casi continuo de tuba, al más puro estilo West Coast Jazz, no hizo más que venir a redondear una noche completa, divertida e “insostenible” que encantó a propios y extraños emulando aquellos entrañables bailes; eran otros tiempos que, porqué no, pueden volver de la mano de esta divertida, conjuntada y respetable sweet band, aunque solo sea por unas noches.

El sur también tiene una Big Band como se merecen el jazz andaluz y malagueño .

Nota de prensa